Y Tono se fue a la mar

Tono  tenía una fábrica, una casa con  jardín y jacuzzi, una colección de coches antiguos, motos, novias, amigos de farras de esas de varios ceros a la derecha. Y un día, Tono se fue a la mar.

Tono tenía una configuración de animal de business, una energía obediente al mandato del triunfo y de las emociones fuertes, un padre padrone, un cuerpo deformado por el exceso, un para qué sin un por qué. Y un día, Tono se fue a la mar.

Te cuento la historia de este ex empresario de 48 años, que un día decidió escafoto Tonopar de sí mismo para ser otro. Un perderse para encontrarse y dejar atrás una manera de estar para la que había sido duramente instruido. Un destino, dice él, que casi le mata.

Y esta nueva historia tiene también el germen de un sentir sin nombre “Ya hacía años que llevaba un runrún dentro, había algo que me decía ¿la vida es esto, solamente?” Pero cada vez que sentía ese molesto zumbido, lo acallaba embarcándose en una nueva aventura. Hacía submarinismo, saltos  en paracaídas, corría en moto, pilotaba ultraligeros…. “Voy a hacer de todo, me decía, pero después de haber disfrutado de la novedad, siempre volvía ese vacío. ¿Y ahora qué, tengo que llenarlo con más cosas?”. Y el llenar y rellenarse la vida de la manera que te voy a contar le fue comprimiendo tanto y tanto el ser, que un día de 2007 su cuerpo y su alma hicieron plof! y las cosas se precipitaron. Y mucho.

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Las cartas de Núria

El día de Navidad del año 2005, la  madre de Núria fue a su habitación y regresó al comedor con su caja de madera. Dentro, se arremolinaban unas cartas junto con alguna foto y otros recuerdos. Ante la callada expectación de la familia, tomó las cartas y se las entregó a Manel, el marido de Núria.cartes02.retallada

Esta es la historia de un silencio.Y de una promesa. Si, como dice Saramago, cada persona es un silencio, el de la señora Montserrat fue uno de esos que han marcado las vidas de aquellos a los que la dictadura relegó a vivir en los márgenes. Y es la historia de una promesa que primero fue una inquietud, luego un anhelo particular y más tarde un deseo de justicia universal. Un largo proceso que comenzó a vivir Núria desde niña, cuando sentía latir una inquietud sin nombre cada vez que se percataba que su madre, aquella mujer menuda de mirada ausente, era una madre triste. Una mujer que hizo de la pérdida un silencio, y del silencio su mayor defensa. “Siempre dijimos que cuando mi madre estuviera muriéndose, sus últimos momentos no serían para nosotros, sino para la familia que perdió.” Sigue leyendo