Las cartas de Núria

El día de Navidad del año 2005, la  madre de Núria fue a su habitación y regresó al comedor con su caja de madera. Dentro, se arremolinaban unas cartas junto con alguna foto y otros recuerdos. Ante la callada expectación de la familia, tomó las cartas y se las entregó a Manel, el marido de Núria.cartes02.retallada

Esta es la historia de un silencio.Y de una promesa. Si, como dice Saramago, cada persona es un silencio, el de la señora Montserrat fue uno de esos que han marcado las vidas de aquellos a los que la dictadura relegó a vivir en los márgenes. Y es la historia de una promesa que primero fue una inquietud, luego un anhelo particular y más tarde un deseo de justicia universal. Un largo proceso que comenzó a vivir Núria desde niña, cuando sentía latir una inquietud sin nombre cada vez que se percataba que su madre, aquella mujer menuda de mirada ausente, era una madre triste. Una mujer que hizo de la pérdida un silencio, y del silencio su mayor defensa. “Siempre dijimos que cuando mi madre estuviera muriéndose, sus últimos momentos no serían para nosotros, sino para la familia que perdió.”

Su madre, la señora Montserrat,  no hablaba nunca de la guerra ni de su familia, y
Núria no se atrevía a preguntarle por temor a causarle dolor. Hasta los 44 años, prácticamente lo único que Núria sabía de sus abuelos maternos es que habían muerto durante la Guerra Civil Española (GCE) y quesu tío Lluís, el único hermano de su madre, había desaparecido en la Batalla del Ebro (BE). Esa batalla que acabó con muchas vidas y modificó otras tantas, y que arrasó el paisaje de la Serra de Cavalls i Pàndols, ratoneras del bando republicano. Esa trágica y siniestra epopeya de la que se saben muchas cosas, y de la que yo sé muy pocas al empezar esta larga charla.Y es que, para entender algo de este relato, “hay que conocer la historia y el territorio”, me dice Núria, mientras me muestra el frente del Ebro sobre el mapa para que pueda situarme un poco.

Imagina la inmensa labor que representa buscar a alguien desaparecido hace 70 años en esas circunstancias, partiendo básicamente de la información que dan unas cartas y un montón de libros de historia. Tiene mérito, pero también, pasión, anhelo, coraje y mucho amor. “Yo quería hacerle el mejor regalo a mi madre, hacerla feliz encontrando a su hermano”.

Su larga búsqueda y su profunda inmersión en la historia de la GCE, (lleva ya leídos más de 40 libros), así como poder conocer de cerca la labor de los historiadores y equipos universitarios interdisciplinares, han ayudado a Núria a deshacerse de algunos de los tópicos de la GCE de ‘buenos y malos’, y a transformar su fobia a las humanidades en una nueva pasión. Una pasión que ha enriquecido su vida más allá de su propia historia familiar, y la ha permitido conocer a fondo una parte de la historia que ignoraba, además de desarrollar sus capacidades de investigación. Pero señala  que “si se digitalizara toda la documentación de la guerra, se sabrían muchas cosas. No es verdad que se destruyeran papeles, sino que se requisaban, como en Salamanca. Hay mucha documentación pudriéndose en los sótanos, como la de la guerra de Cuba”. Y asegura que “más que destapar fosas, habría que destapar documentación”.

Aquí tienes parte de lo que me ha contado en más de dos horas de charla. Empezamos.

 

19 años investigando

Todo arranca un día de 1997, cuando Núria y su madre estaban viendo un programa de TV3 en el que aparecía un excombatiente de la BE. Núria advirtió el interés con el que lo seguía su madre y, llevada por su necesidad de conocer algo de su familia materna, consiguió que su madre le contara que “ella tenía 12 años al inicio guerra, en el 36, y su hermano 17. Y, entre octubre de 1938 y mayo de 1939, en 7 meses, se quedó sola. Su hermano desapareció en el frente, al mes siguiente murió su padre y seis meses después su madre”. Cuando Núria le preguntó si quería que hiciera indagaciones en los pueblos de la zona, contestó con un escueto “ bueno, si tu quieres“, que fue suficiente para que Núria decidiera  emprender esta pesquisa y apuntarse a este viaje al pasado, con la  promesa que le hizo a su madre, y que le repitió hace dos años en su funeral “si encuentro a tu hermano, te lo traeré’’.

Empieza enviando cartas a los Ayuntamientos de la zona de la BE, en las comarcas de Tarragona de la Terra Alta y del Montsià. Les pide información (datos en Registro Civil, listado soldados, etc.), pero todos le contestan que con la entrada de los insurrectos se habían quemado todos los registros. Vía cerrada.

Internet y la Asociación

Pero luego se empezaron a abrir algunas puertas y ventanas, primero gracias a la llegada de Internet, y más tarde, a la aparición de las primeras políticas públicas de la memoria histórica recogidas en la reforma del Estatut d’Autonomia de Catalunya de 2006, impulsada por el tripartito.

A través de foros comenzaron a contactar y a organizar encuentros con historiadores y con otros familiares de desaparecidos, que acabaron cristalizando en la creación de la Associació per a la recuperació de la memòria històrica de Catalunya (ARMHC) de la que Núria es la Secretaria y su marido Manel el Presidente. “No tiene que ver con abrir heridas  – dice –, sino con el derecho a enterrar a nuestros muertos. No saber nunca lo que le ha pasado a alguien es lo más horroroso. Mi madre no pudo cerrar el duelo”.

Y cuando empezaron a llegar a la asociación cientos de casos de personas que llevaban años de búsqueda, y que explicaban historias parecidas a la suya, Núria se dió cuenta “que tu historia no es lo importante, ves que es algo más colectivo, ves más allá de tu caso concreto, y que las víctimas no son los desparecidos, que lo son, pero más lo son sus familiares”. Y puntualiza dos cosas: la primera, que también atienden peticiones de familiares del bando franquista, “aunque son casos minoritarios porque  a ellos se les reparó muy bien, en general”;  y la segunda, que la ARMHC no abre fosas. Luego te explico por qué.

Y fue a partir de la creación de la Asociación, que su búsqueda personal se fue entrelazando con los objetivos colectivos y, después de mucho leer, patear y rastrear, acabó convirtiéndola en una experta en la BE y, por extensión, en la GCE.

Tirando del hilo

¿Y como se busca,  por dónde se empieza a tirar del hilo? Pues básicamente, a base de ir cruzando datos. Datos de Registros Civiles, de libros de expertos en la BE, de historiadores locales, de testimonios de soldados y civiles supervivientes, y por supuesto, de las valiosísimas cartas que su tío Lluís envió desde el frente.

Una búsqueda no exenta de obstáculos, claro. Por ejemplo, el acceso a los Registros Civiles dependía en gran medida del funcionario de turno. Algunos no les dejaban hacer fotocopias ni fotos y muchas veces tenían que copiar a mano los datos. Y, a veces, no les permitían ni eso.

Los libros sobre la GCE y las aportaciones de los historiadores locales les ayudaron a situarse geográficamente y a conocer muchos detalles sobre la BE. Y así, empezaron a familiarizarse con el lenguaje militar y fueron situando las Divisiones en el territorio. “A medida que íbamos recibiendo información, íbamos marcando las cotas, el frente, y las trincheras en el mapa. Si no tienes una visión militar de la BE, no entiendes nada”. Pero se dieron cuenta que para interpretar la BE hay que ir a esa tierra, meterse en esas montañas, que te las enseñen. “Así es que, los fines de semana hacíamos  recorridos con la ayuda de  historiadores que nos situaron la BE sobre el terreno, y nos ayudaron a interpretar el paisaje”. Un paisaje duro y convulso, en el que aún se notan los socavones de las bombas cuando caminas, y que no se parece en nada al del 38 ya que, después del frente, las montañas quedaron carbonizadas y en buena medida tuvieron que ser repobladas.

Las Cartas

Pero si algo fue determinante en esta larga pesquisa, fue poder leer las cartas de Lluís.

Antes que nada, es importante recordar que las cartas que venían desde el frente llegaban con censura militar y, por tanto, no indicaban la posición del soldado. Lo cual representa un obstáculo claro en una investigación de estas características.

Te cuento. Núria siempre había sabido que su madre guardaba las cartas que su tío había mandado desde el frente, pero no las había visto nunca, ni tampoco se atrevía a preguntarle. Y a raíz de explicarle cosas de la Asociación, su madre se fue abriendo algo, y un día les dejó ver la dirección del remite. Estamos en 1938 y las cartas tienen tres remites distintos. Veamos.

  • Las primeras cartas llegan en mayo, y vienen desde el “Campo de Instrucción Pins del Vallés” (actualmente Sant Cugat del Vallés).
  • Desde julio a mediados de agosto, las cartas vienen remitidas desde la “11D 100 BM  Compañía de Zapadores” (osea, 11ª División, 100 Brigada Mixta). Lo curioso de estas cartas es que tenían respuesta en 24 horas, lo cual era muy extraño en el año 1938. Luego averiguaron que había trenes que iban y venían a diario de Barcelona al frente del Ebro, que llevaban armamento de día y volvían con los soldados heridos de noche, y que se utilizaban también para la correspondencia.

Este dato demuestra que Lluís estaba en el frente del Ebro y corrobora lo que dice Núria que le había contado su madre, a saber, que después de unos días sin tener noticias de él, a mediados de agosto llegó una carta en la que dice que ha estado enfermo de paludismo en Artesa de Segre y anuncia que vuelve a Barcelona a recuperarse. “Se trajo con él las cartas que había recibido de mis abuelos, y les explicó que había estado en el frente del Ebro. Se quedó a recuperarse desde finales de agosto hasta la Mercè, el 24 septiembre, y cada día tenía que presentarse en el cuartel de los Hogares Mundet. Después de la Mercè avisó a mi abuelo telefónicamente que se quedaba acuartelado y que partía para el frente de guerra, sin decir a dónde exactamente. Mis abuelos debieron suponer que volvía al Ebro, pero en Cataluña había también otros frentes más pequeños como el de Pallars Sobirà  o el de Balaguer”.

  • A partir de entonces, y hasta la primera semana de octubre, las cartas llegan con un nuevo remite  “Plaza Altozano 4131”. Al preguntar a historiadores en foros de Internet, averiguaron que ese era el código de la correspondencia de las Brigadas Internacionales  (BBII) y que éstas estaban situadas en el frente del Ebro. Y aquí hay que echar mano de la historia para saber que los compromisos de Ginebra obligaron al Gobierno de la República a retirar a las BBII de los frentes de guerra (en ese tiempo, el más importante era el del Ebro), y a ser sustituídos por tropas de leva. Además, Lluís decía en las cartas que tenía de todo y que no hacía falta que le enviaran nada, ni ropa, ni zapatos, etc. Como ya se sabe, las BBII disponían de más recursos, osea que todo parece indicar que Lluís sustituyó a un brigadista internacional.

Tejiendo la investigación

Ese dato fue de gran ayuda porque los historiadores de la BE conocen donde estaban ubicadas las divisiones, las brigadas mixtas y las compañías de los dos bandos y  de las BBII. Sin embargo, el problema es saber qué quieren decir los números “4131” y, a día de hoy, nadie sabe aún si indicaban la posición geográfica del soldado/brigadista.

 Por tanto, vemos que hay tres pistas que señalan que Lluís estaba en el Ebro, pero que faltaba averiguar su posición. Seguimos.

Fueron avanzando en la investigación y cruzaron tres datos más: por un lado, en una carta de finales de septiembre, Lluís comenta que el frente está paralizado a causa de las lluvias torrenciales; por otro, los libros de historiadores localizan esas lluvias en la zona de Gandesa y Pinell de Brai y señalan que la ofensiva se reanudó el 2 de octubre; y, por último, les llega una información de un familiar de otro desapEBRO DESPLIEGUE INICIAL BATALLAarecido de la misma División. Juntan todo esto y deducen que Lluís estaba en Pinell de Brai y que desde allí salía a combatir al frente, entre Corbera d’Ebre y Campusines, que es donde los historiadores sitúan hasta el 5 de octubre a los Zapadores, Compañía a la que pertenecía Lluís.

Se pierde el hilo

En las cartas que conservan falta una. La madre de Núria recuerda que la última carta que su familia le envió a Lluís fue sobre el 9 de octubre, y que no tuvo respuesta. Les fue devuelta entre el 10 y el 14 de octubre con la anotación de EVACUADO HOSPITAL. Esa carta no está en la caja de recuerdos de la señora Montserrat. Se perdió. “Pero mi madre recuerda que mi abuelo debía de saber algo, porque le dijo que se hiciera a la idea de que nunca más volvería a ver a mi tío con vida, y que no se lo dijera  a su madre. Y nada más. Algo averiguó mi abuelo pero no lo sabremos nunca, porque murió de repente al mes siguiente”.

Y aquí ya se pierde la pista. La duda es saber qué significa esa anotación de evacuado hospital, “no sabemos si mi tío fue evacuado a un hospital, o fue evacuado el hospital donde estaba”.

Pero también barajan otras posibilidades. Saben que el soldado republicano que era herido en el campo lo ponían bajo un árbol y marcaban la posición para que le fueran a recoger. Si moría allí o camino del hospital de campaña, le enterraban allí mismo, en un clot (agujero). Si moría en el hospital, se le enterraba en la fosa común adyacente o en la del cementerio más cercano.

Y han descartado que muriera ahogado cruzando el Ebro porque en las fechas posteriores a la ofensiva del 25 de julio les consta que estaba vivo, y en las fechas de la retirada del 15 noviembre ya llevaba más de un mes desaparecido. Tampoco pudo ser incinerado, ya que esa práctica sólo se llevó a cabo, durante aquél verano tan caluroso, para evitar epidemias.

Y la posibilidad de que lograra escapar del frente no cuadra, primero porque de algún modo se habría puesto en contacto con su familia, y luego, porque “tenía 18 años y por frases que escribe se nota que tenía convicciones políticas. Además, recibimos un mensaje de una mujer que decía que su madre había reconocido a mi tío en una foto de la web de la ARMHC. Su marido era coronel y recuerda que Lluís era chófer o intendente, lo que nos hace pensar que quizá mi tío era comisario político. Otra señal es que mi tío lleva chupa de cuero en las fotos, y esa indumentaria era típica de un comisario político anarquista o comunista”. Pero quizá la pesquisa no está bien orientada.Tal vez lo hicieron prisionero y lo llevaron a Euskadi o a Burgos y fue fusilado.

Por tanto, con todo lo que saben hasta ahora, sospechan que desapareció entre el 5 y el 10 de octubre por la zona de  Gandesa o Corbera d’Ebre. Y que, o bien está enterrado en un clot, o en una fosa común y figura como ‘desconocido’ en un Registro civil o  parroquial. “El frente era muy grande y no podemos saber en qué pueblo estaba exactamente. Tenemos la pista de la última carta,  que escribió el 6 de octubre, que dice que el paisaje es de olivares, que hay una casa de pagés…”

La gran dificultad pues, es determinar en qué lugar de ese frente desapareció, y esa información, dice Núria, sólo está en los archivos militares. “Es muy difícil que averigüemos más, casi imposible Y no tiene que ver con destapar las fosas sino con destapar la documentación”.

Una fosa abierta modifica la historia.

“La fosa es morbo pero no es lo más importante, excepto para la familia. Lo que importa es la historia, saber cómo llegaron allí, qué pasó. Implica que hubo una violencia (crímenes de guerra, de genocidio). No se puede coger pico y pala y abrir directamente una fosa. Hay que saber la historia y  el contexto de la fosa, para deducir quien puede estar. Otra cosa es que aparezca de golpe haciendo una carretera, labrando campo, etc. Nosotros no abrimos fosas, sino que trabajamos vía parlamentaria en Cataluña para intentar hacer cumplir las leyes. No queremos subvenciones por algo muy importante: cuando se abre una fosa, con el trabajo de equipos universitarios especializados, se está modificando la historia, y hay que seguir el protocolo que marca la ONU. Eso se inventó después de la 2ª Guerra Mundial. La sociedad civil no tiene que abrir fosas, sino los gobiernos en vía judicial.”

Después de la BE, los franquistas recogieron los cadáveres de sus soldados tirados en las sierras y los enterraron en fosas con sus nombres. “A los republicanos los dejaron allí y allí siguen. Suelen aparecer restos a causa de las lluvias, o incendios, etc. porque no los enterraban profundamente. Hay muchas calaveras y tibias.” Cuando se encuentran restos, la Generalitat envía a equipos de universidad, y se guardan en un osario que se ha creado en el paraje de ‘Les Camposines’
, a la espera de ser identificados. Hay pageses que avisan a las autoridades, pero otros no. “Ha llegado a haber hasta tráfico de restos, y hay gente que tiene en su escritorio una calavera. Alguna vez que he visto alguna me he preguntado si será la de mi tío”.

To be continued…

El caso de Núria sigue abierto, así como el de tantos otros de los que esta historia es sólo un ejemplo. “La historia no ha acabado, el trabajo no está hecho. Yo seguiré. Mi compromiso es dar a mi madre los restos de su hermano. Pero nos interesa mucho más la reparación, la justicia, que se conozca la verdad. Más que mi tema personal”.

Esta charla ha despertado mis ganas de pisar esas sierras y conocer mejor esa parte de la historia, de la que ahora sé un poco más. Así es que me despido de Núria con su promesa de enseñarme sobre el terreno todo lo que me ha contado en más de dos horas de charla. Mil gracias por compartirlo.

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